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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Confesión: separando el trigo de la paja

El sacramento de la confesión, suele ir acompañado por la dirección espiritual del sacerdote que tiene los criterios y la experiencia para aconsejarnos en cristiano, con buena doctrina y veracidad.  Su consejo debe ayudar a salvarnos, no a decirnos lo que queremos oír solamente. También es cosa nuestra si lo ponemos en práctica, para eso es el libre albedrío . Hay que saber distinguir estos dos aspectos.


La confesión es auricular y secreta; el sacerdote bajo ninguna circunstancia puede hablar de ello con nadie, ni siquiera con el penitente si éste no lo pone en el tapete. Dios perdonó y se olvidó. Es el sigilo sacramental.

Diferente es la dirección espiritual, que será igualmente discreta y nuestros asuntos estarán a salvo, pero en esos temas pudiera ser que el cura nos pida autorización para pedir luces o consejo a alguien más entendido, por poner un ejemplo, aunque casi nunca pasa, y siempre podemos volver sobre esos temas porque de seguro serán sobre nuestras debilidades más recurrentes o temas delicados o que requieren paciencia.
Es buena cosa separarlos pidiendo la absolución de los pecados primero y después, claramente establecida la diferencia, pedir la absolución y luego recibir  la dirección.  Son cosas diferentes y es bueno entenderlo bien..
Camino, punto 309
¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.
¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!

4 comentarios:

Arsenio Bernal dijo...

¿Cuál es el criterio para contar con un director espiritual?

¿Cómo enfrentarnos a nuestros dolorosos pecados que tanta vergüenza provocan al confesarlos, y que tanto impudor nos permitimos en su día al cometerlos?

¿Cómo hacer para no volver a caer en ellos?

¿Qué ocurre si alguno se nos quedó en el tintero?

Diosenmicalle dijo...

Hola Arsenio.
Nadie es buen guía de si mismo, así que lo mejor es buscar un buen sacerdote que nos oriente.
Todos cometemos pecados así que aunque nos den vergüenza y nos produzcan dolor, tenemos que reconocer humildemente que somos pecadores y que con estas miserias nuestras cuenta el Señor. También con nuestro deseo de luchar, de aprender, de amar, de acercarnos a Él, de buscar luz y gracia en el sacramento de la confesión, de rezar insistentemente y no sólo recitando oraciones sino con nuestro trabajo diario, con nuestra vida.
¿Si alguno se quedó en el tintero? se arrepiente uno y lo confiesa cuando vaya de nuevo a confesar.
Un cordial salu2
Tinta

Arsenio Bernal dijo...

Gracias, Tinta.

Anónimo dijo...

¡Que bueno! es vuestro blog. Adelante...