El sacramento de la confesión, suele ir acompañado por la dirección espiritual del sacerdote que tiene los criterios y la experiencia para aconsejarnos en cristiano, con buena doctrina y veracidad. Su consejo debe ayudar a salvarnos, no a decirnos lo que queremos oír solamente. También es cosa nuestra si lo ponemos en práctica, para eso es el libre albedrío . Hay que saber distinguir estos dos aspectos.
La confesión es auricular y secreta; el sacerdote bajo ninguna circunstancia puede hablar de ello con nadie, ni siquiera con el penitente si éste no lo pone en el tapete. Dios perdonó y se olvidó. Es el sigilo sacramental.
Diferente es la dirección espiritual, que será igualmente discreta y nuestros asuntos estarán a salvo, pero en esos temas pudiera ser que el cura nos pida autorización para pedir luces o consejo a alguien más entendido, por poner un ejemplo, aunque casi nunca pasa, y siempre podemos volver sobre esos temas porque de seguro serán sobre nuestras debilidades más recurrentes o temas delicados o que requieren paciencia.
Es buena cosa separarlos pidiendo la absolución de los pecados primero y después, claramente establecida la diferencia, pedir la absolución y luego recibir la dirección. Son cosas diferentes y es bueno entenderlo bien..
Camino, punto 309¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona.¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!